
Llegar a Fontanals de Cerdanya puso punto y final al largo camino de subida, pero no significó que se acabara el trabajo. Al contrario. Después de semanas caminando con el rebaño, tocaba adaptarse a una nueva realidad: la de la vida en los pastos de verano, con menos kilómetros en las piernas pero con el mismo compromiso de todos los días.
Aquí el ritmo es otro. Ya no hay etapas, ni caminos por preparar, ni la necesidad de recoger el campamento cada mañana. Ahora tenemos el río a la vuelta de la esquina, mucho espacio para el rebaño y una naturaleza generosa que nos da muchos recursos. Es, en cierto modo, una vida más sedentaria, pero con el espíritu de la trashumancia todavía presente. Las cabras siguen saliendo a pastar cada día y nosotros seguimos pendientes de ellas, del territorio y de todo lo que ocurre a nuestro alrededor.

Con el rebaño ya instalado y las cabras en plena producción, hemos empezado a ordeñarlas a mano. Cada día estamos consiguiendo alrededor de 64 litros de leche, una cantidad que nos permite empezar una nueva aventura: elaborar queso directamente en los pastos.
Después de tantos días hablando con pastores, ganaderos y productores, compartiendo quesos y descubriendo formas diferentes de trabajar el territorio, ahora nos toca ponernos nosotros manos a la obra. La leche de nuestro propio rebaño se transforma aquí mismo, en el lugar donde las cabras pastan. Es una forma muy directa de entender qué significa trabajar con el territorio y aprovechar los recursos que nos ofrece.
Y esto es precisamente lo que nos gusta de la trashumancia. El viaje no termina cuando dejamos de caminar. Lo que hemos aprendido por el camino sigue con nosotros. Las conversaciones con otros pastores, las experiencias compartidas, los quesos catados, los paisajes atravesados y todas las personas que nos han abierto sus puertas forman parte de esta nueva etapa.

Ahora tenemos tiempo para hacer las cosas de otra forma. Para observar el rebaño con calma, para ordeñar, para experimentar con los quesos y descubrir qué podemos llegar a hacer con una leche que viene directamente de las cabras que nos han acompañado durante todo el camino.
También tenemos ganas de compartirlo. Cuando llegue el momento de preparar una nueva partida de quesos, queremos enseñarle cómo ha ido todo el proceso y hacerle llegar un poco de esta vida a los pastos. Porque si algo hemos aprendido durante esta trashumancia es que los alimentos cuentan historias. Y este queso contará la historia de un rebaño que ha caminado desde el Priorat hasta la Cerdanya, de pastores que mantienen vivo un oficio y de un territorio que sigue ofreciendo recursos cuando sabemos escucharle y trabajarlo con respeto.
La trashumancia, pues, sigue. Ahora sin kilómetros, pero con mucho trabajo por hacer. Y mientras las cabras pastan junto al río, nosotros ordeñamos, elaboramos quesos y preparamos esta nueva etapa de Vinos de Pasto disfrutando de una copa de vino Castell de Siurana .

