Castillo de Siurana Blanc: el nuevo vino que reivindica el Macabeo de Cornudella de Montsant

Castillo de Siurana Blanc: el nuevo vino que reivindica el Macabeo de Cornudella de Montsant

Hay vinos que nacen con la voluntad de contar un territorio. El nuevo Castillo de Siurana Blanc es uno de esos vinos. Una apuesta decidida de la Bodega Cooperativa de Cornudella de Montsant por recuperar y poner en valor una variedad histórica de nuestro pueblo: el Macabeo .

Esta primera edición representa un nuevo paso en la evolución de los vinos blancos de la Bodega. Un vino elaborado exclusivamente con Macabeo 100% , pensado para mostrar todo el potencial de una variedad que durante décadas ha sido protagonista de muchos de los viñedos de Cornudella y que hoy sigue ofreciendo vinos elegantes, gastronómicos y profundamente ligados al paisaje de la DO Montsant .

El Macabeo, la gran variedad blanca de Cornudella

Cuando se habla de los vinos de la DO Montsant, a menudo las protagonistas son las garnachas y las cariñenas. Pero en Cornudella de Montsant existe otra variedad que forma parte de nuestra historia vitivinícola: el Macabeo .

Presente desde hace generaciones en las fincas de los socios de la Cooperativa, el Macabeo ha demostrado una extraordinaria capacidad de adaptación a los distintos suelos, orientaciones y altitudes de nuestro municipio.

Esta diversidad es, precisamente, una de las grandes riquezas del Castillo de Siurana Blanc .

El vino se elabora con el Macabeo procedente de todos los viñedos de los socios de la Cooperativa. Cada parcela aporta matices distintos, fruto de su situación, del tipo de suelo y de la altitud. El resultado es un vino con gran complejidad aromática, capaz de expresar toda la riqueza del territorio de Cornudella de Montsant.

Un vino blanco gastronómico con personalidad

El Castillo de Siurana Blanc nace con la voluntad de convertirse en un referente entre los vinos blancos de la DO Montsant .

Es un vino con cuerpo, frescura y una marcada expresión aromática, pensado tanto para disfrutarlo solo como para acompañar a una amplia variedad de platos.

Su elaboración combina la tradición con una vinificación esmerada que busca preservar al máximo el carácter del Macabeo.

Tras un desfangado estático de 48 horas, el mosto fermenta durante quince días a baja temperatura para conservar toda la intensidad de los aromas primarios. Una vez finalizada la fermentación, el vino reposa durante seis meses con sus lías finas, un trabajo que le aporta volumen, textura y complejidad.

Para completar esta elaboración, un 25% del vino pasa durante dos meses por barricas de roble francés. Esta crianza sutil no busca enmascarar la fruta, sino potenciarla, aportando notas elegantes de toffee, una ligera sensación caramelizada y una boca más redonda, sedosa y equilibrada.

El resultado es un vino blanco gastronómico, con personalidad propia y gran capacidad de evolución.

 

La cosecha 2025: el retorno al equilibrio

La cosecha 2025 marcó un punto de inflexión después de tres años de sequía extrema.

Sin llegar todavía a los rendimientos habituales de los viñedos, las precipitaciones permitieron recuperar parte del potencial productivo y, sobre todo, lograr un mejor equilibrio entre grado alcohólico, acidez y maduración de la uva.

Estas condiciones dieron lugar a un Macabeo especialmente expresivo, con una excelente intensidad aromática y una frescura que definen el carácter del Castillo de Siurana Blanc .

Un tándem que explica el territorio

El Castillo de Siurana Blanc nace para completar una gama que habla de nuestro territorio. Junto al reconocido Castillo de Siurana negro , este nuevo monovarietal de Macabeo ofrece la visión blanca de Cornudella de Montsant. Dos vinos con personalidades distintas pero con un mismo alma: la expresión más auténtica de los viñedos de nuestros socios y del paisaje que nos rodea. Juntos forman un tándem que representa la tradición, la calidad y la identidad de la Bodega Cooperativa de Cornudella de Montsant.

Cada copa del Castillo de Siurana Blanc cuenta una parte de Cornudella de Montsant. Explica los viñedos situados entre diferentes altitudes, los suelos que cambian de una finca a otra, el trabajo de los socios de la Cooperativa y el conocimiento acumulado durante más de un siglo elaborando vinos. Es un vino que reivindica el valor del Macabeo como una de las grandes variedades blancas de nuestro territorio y que demuestra que los vinos blancos de la DO Montsant pueden ofrecer elegancia, frescura, profundidad y una marcada identidad.

Nota de cata

En la vista presenta un intenso color amarillo con reflejos dorados y una buena densidad en la copa.

En nariz destaca por una gran intensidad aromática. Las frutas tropicales maduras conviven con aromas de fruta blanca y fruta de hueso, mientras que la crianza parcial en roble francés aporta delicadas notas de toffee y una sutil sensación caramelizada que aumenta su complejidad.

En boca es amplio, sedoso y con muy buena estructura. Su entrada está llena, pero mantiene una frescura viva gracias a una acidez bien integrada. El final es largo y persistente, con un ligero amargor característico del Macabeo que aporta tensión, invita a salivar y hace que cada sorbo despierte las ganas del siguiente.

El último tramo hacia los pastos de verano.

El último tramo hacia los pastos de verano.

Si algo nos ha enseñado esta trashumancia es que cada etapa tiene su propia personalidad. Los primeros días fueron de viñedos, de calor y de grandes llanuras. Pero a medida que hemos ido avanzando, el paisaje ha ido cambiando completamente. Las montañas se fueron acercando, los bosques nos regalaban sombra y el aire se respiraba de otra forma. Lo notábamos en el cuerpo, pero sobre todo en el alma.

Después de llegar a Castellgalí decidimos realizar un par de días de descanso. También forma parte de la trashumancia saber cuándo toca andar y cuándo toca detenerse. Nos quedamos en casa de Joan, uno de esos auténticos pastores que aún mantienen vivo un oficio que cada vez cuesta más encontrar. Fueron dos días para recuperar fuerzas, pero sobre todo para compartir.

Tuvimos la suerte de probar una cabra de su propio rebaño, cocinada como antes, y de sentarnos en torno a una mesa con pastores de la zona. Compartimos conversaciones largas, experiencias y formas diferentes de entender el territorio, pero con una misma manera de amarlo. También descubrimos quesos extraordinarios elaborados por los productores locales. Cuando se juntan buena gente, buena comida, buen vino y tiempo para hablar, ocurren cosas que no se olvidan fácilmente.

Pero la calma acabó en breve. Retomamos el camino en dirección a Santpedor y el calor volvió a ponernos a prueba. Aquellos campos abiertos, con sembrados hasta donde llegaba la vista y sin apenas árbol, convirtieron cada kilómetro en un pequeño reto. Cuando encontrábamos una sombra para descansar y almorzar parecía un auténtico regalo.

Al día siguiente continuamos hasta Aviñón, pasando junto a las minas de potasa de Sallent. Fue una etapa larga, dura y marcada, una vez más, por unas temperaturas que no daban tregua. Pero, en ocasiones, el camino también sabía recompensar el esfuerzo.

A partir de Aviñón todo empezó a cambiar. Los antiguos caminos ganaderos se hacían más evidentes, estaban mejor conservados y aparecían mejor señalizados. También empezamos a encontrar los primeros bosques, que nos ofrecían una generosa sombra y un ambiente mucho más fresco. A medida que ganábamos altura y nos acercábamos al Prepirineo, el cambio se hacía especialmente evidente cuando llegaba la noche. Las noches volvían a ser placenteras y el descanso era mucho más reparador.

Una de las paradas que siempre esperábamos era Sant Martí de Albars, en el Lluçanès. Es un territorio precioso, todavía bastante desconocido por mucha gente, pero con una larga tradición ganadera. Allí siempre nos hacían sentir como en casa. En los pequeños pueblos, la trashumancia todavía forma parte del paisaje cotidiano. La gente está acostumbrada a ver pasar rebaños y pastores, y esa acogida sincera fue una de las cosas que más valoramos del viaje.

También pasamos por Santa Eulalia de Puig-oriol, donde se encuentra el Centro de Interpretación de la Trashumancia. Aunque sólo hicimos una breve parada, fue un lugar que nos recordó la importancia de preservar este patrimonio vivo y la necesidad de seguir explicándolo a las nuevas generaciones.

Después entramos en el Ripollès. Les Llosses nos dio la bienvenida con algunos de los caminos más bonitos que habíamos recorrido hasta ese momento. Aquí la montaña ya mandaba. Los bosques eran más espesos, las subidas más exigentes y cada curva nos descubría un paisaje nuevo.

En Santa Maria de Matamala vivimos uno de los momentos más especiales del proyecto. Allí organizamos un encuentro abierto con pastores, ganaderos, propietarios forestales, buscadores de setas y vecinos del territorio. Más que una charla, fue una conversación entre personas que compartían una misma preocupación: cómo mantener vivo este paisaje para que las generaciones futuras también pudieran disfrutarlo. Alrededor de la mesa compartimos también nuestros vinos, Codolar y Castell de Siurana , porque siempre hemos creído que no había mejor manera de explicar un territorio que probando lo que nace. Cada copa sirvió para abrir nuevas conversaciones sobre la trashumancia, la ganadería extensiva y el futuro del mundo rural. El vino, los quesos y la conversación volvieron a demostrar que la trashumancia era mucho más que andar: era una manera de conectar a personas, paisajes y tradiciones.

La llegada a Gombrèn también marcó uno de los momentos más esperados de esa subida hacia el Pirineo. Celebramos la segunda gran cata de Vins de Pastura , un encuentro que reunió a vecinos, visitantes y amantes del vino y del territorio alrededor de una misma mesa. En esta ocasión participó Jordi Rovira, enólogo de la Bodega Cooperativa de Cornudella de Montsant, que junto a Dani condujo un maridaje de quesos y vinos pensado para explicar, copa a copa, el paisaje que nos había acompañado durante el camino. Los asistentes pudieron descubrir el Castillo de Siurana , el Codolar , el Vermut de la Cooperativa y la Mistela , que se convirtió en una de las grandes revelaciones de la jornada y sorprendió a muchos de los participantes. Pero Gombrèn fue mucho más que una cata: también fue una parada para descansar, recuperar fuerzas, compartir grandes ratos y tomar el empuje necesario para afrontar el último tramo del recorrido.

Y sin apenas darnos cuenta, después de una jornada a buen ritmo, hoy domingo 19 de julio hemos llegado a Fontanals de Cerdanya, incluso un día antes de lo previsto. La alegría de alcanzar el destino se mezcla con la satisfacción de que sólo deja un camino dado paso a paso. Una vez llegados, hemos preparado el campamento, ya partir de mañana empezaremos a organizar la estancia para los meses de verano y aprovecharemos para recuperar fuerzas. Pero lo de descansar siempre fue relativo. Las cabras no entendían de vacaciones ni de días libres: cada día deben salir a pastar, haciendo el trabajo silencioso que, desde hace siglos, ayuda a cuidar el paisaje. La trashumancia ha llegado a su destino, pero el pasto sigue. Y con ella, también continúa el compromiso de mantener vivo un territorio que da origen a nuestros vinos y que es la esencia misma del proyecto Vins de Pastura .

Garnacha roja… ¿qué es?

Garnacha roja… ¿qué es?

Garnacha roja: una variedad singular que cuidamos en Cornudella de Montsant

Existen variedades de uva que forman parte de la identidad de un territorio. Variedades que explican el paisaje, la historia del campesinado y una manera de entender el viñedo que se ha transmitido de generación en generación. En Cornudella de Montsant , una de estas variedades es, sin duda, la garnacha roja .

Si pasea en otoño por las viñas que rodean el pueblo, puede que encuentre alguna que le llamará especialmente la atención. Entre los pámpulos aparecen unas uvas de bayas grandes y de color rojizo, con delicadas tonalidades grises. Si toma un grano y lo aplasta entre los dedos, descubrirá una piel fina y una pulpa sin color.

Es la garnacha roja, una variedad con poca presencia en la DO Montsant , pero que en la Bodega Cooperativa de Cornudella de Montsant conocemos, cuidamos y trabajamos con una atención muy especial.

Una garnacha con identidad propia

La garnacha roja forma parte de la gran familia de las garnachas, junto a variedades mucho más conocidas en nuestro territorio, como la garnacha tinta y la garnacha blanca . Comparte con ellas algunas características pero tiene una personalidad propia que la convierte en una variedad especialmente interesante para la elaboración de vinos singulares.

En nuestros viñedos, la garnacha roja ha sabido adaptarse a un territorio exigente, marcado por el clima mediterráneo, los veranos secos y la irregularidad de las lluvias. Como las demás garnachas, desarrolla un sistema radicular capaz de explorar el suelo en busca de agua, una característica especialmente valiosa en un territorio como el nuestro.

Pero si existe un elemento que hace especialmente singular esta variedad es su escasa presencia. Dentro de la Denominación de Origen Montsant , la garnacha roja ocupa una superficie muy reducida y buena parte de estos viñedos se concentran precisamente en el término municipal de Cornudella de Montsant .

Esto nos hace sentir una responsabilidad especial.

Porque cuidar estos viñedos no es sólo producir uvas. Es preservar una variedad minoritaria, mantener vivo un patrimonio vitivinícola y evitar que una parte de la diversidad de nuestros viñedos desaparezca con el paso de los años.

 

Una variedad que cuidamos con especial atención

En la Bodega Cooperativa de Cornudella de Montsant hace años que apostamos por la garnacha roja . Lo hacemos convencidos de la calidad de su uva, pero también porque creemos que una bodega arraigada en el territorio debe contribuir a conservar y dar valor a lo que lo hace diferente.

Nuestra historia, de más de cien años, siempre ha estado ligada a los viñedos de Cornudella de Montsant y al trabajo de las familias campesinas de la Cooperativa. Por eso, preservar variedades como la garnacha roja forma parte de nuestra forma de entender el vino.

Cada viñedo es diferente. Cada cosecha plantea nuevos retos. Y una variedad con tan poca presencia merece ser observada, conocida y trabajada cuidadosamente.

No queremos que la garnacha roja sea sólo una curiosidad en nuestro paisaje. Queremos que sea una variedad viva, capaz de seguir contando el territorio a través de los vinos que elaboramos.

Del Dulce Natural Castillo de Siurana a nuevas formas de interpretarla

Cautivados por la calidad de esta uva y con la voluntad de dar a conocer una variedad tan poco presente en la comarca del Priorat, hace años decidimos elaborar un vino monovarietal de garnacha roja: el Dulce Natural Castell de Siurana .

Un vino pensado para disfrutar en el postre o como aperitivo, que obtiene su dulzura de las mismas uvas, vendimiado en su punto óptimo de maduración. Una elaboración que nos permitió mostrar una de las muchas caras de esta variedad y empezar un camino que, con los años, nos ha llevado a seguir experimentando con sus posibilidades.

Porque una misma variedad puede contar historias muy diferentes.

El Vino del Centenario: recuperar la memoria de la bodega

En 2019, con motivo de la celebración del centenario de la Bodega Cooperativa de Cornudella de Montsant , quisimos crear un vino muy especial. Un vino que hablara de nuestra historia y que recuperara la memoria de una forma de elaborar que durante muchos años había formado parte de las bodegas del pueblo.

Para ello, dedicamos la cosecha 2018 de garnacha roja a la elaboración del Vino del Centenario .

El resultado fue un vino singular, inspirado en aquellos vinos que antiguamente se podían encontrar en las bodegas de muchas casas de Cornudella de Montsant. Un vino de tonalidades anaranjadas, con una ligera evolución y oxidación, que nos conectaba con otra forma de entender el tiempo, el vino y el mismo oficio de payés.

Más que una elaboración conmemorativa, fue un ejercicio de memoria.

Un vino para recordar de dónde venimos.

 

8c+ Blanco: una nueva expresión de la garnacha roja

Nuestra relación con la garnacha roja no se ha detenido. Al contrario. Con los años hemos continuado buscando nuevas formas de interpretarla y de expresar todo su potencial.

Esta inquietud nos ha llevado hasta el 8c+ Blanc , un vino elaborado con garnacha roja procedente de viñedos situados a más de 500 metros de altitud. Una producción muy limitada que busca mostrar la cara más fresca, elegante y mineral de esa variedad.

Con esta elaboración, la garnacha roja vuelve a demostrar su versatilidad. Desde un vino dulce natural hasta un vino inspirado en las elaboraciones tradicionales o vino actual, fresco y de producción limitada.

Tres formas diferentes de acercarnos a una misma variedad. Tres interpretaciones que comparten un mismo origen: los viñedos de Cornudella de Montsant .

 

Preservar la garnacha roja es preservar nuestro paisaje

Hablar de garnacha roja es hablar de vino, pero también hablar de territorio.

Cada viñedo que se mantiene cultivado contribuye a conservar el paisaje agrícola que rodea a nuestros pueblos. Detrás de cada cepa hay horas de trabajo, conocimiento acumulado y una relación con la tierra que forma parte de la identidad del Priorat y de la DO Montsant .

En un momento en el que muchas variedades minoritarias corren el riesgo de perder presencia, creemos que apostar por la diversidad vitícola es también apostar por el futuro.

Por eso, en la Bodega Cooperativa de Cornudella de Montsant continuaremos cuidando la garnacha roja con la misma atención con que cuidamos las historias que forman parte de nuestra casa.

Porque quizá sea una variedad minoritaria. Quizás ocupa pocas hectáreas. Pero, precisamente por eso, cada cepa cuenta.

Y cada botella es una oportunidad para darla a conocer.

Los primeros pasos de un camino que va mucho más allá de la trashumancia

Los primeros pasos de un camino que va mucho más allá de la trashumancia

Ya hace unos días que dejamos atrás el Priorat. Aún tenemos bien presente la bendición del rebaño en el Real Monasterio de Poblet, el pasado 28 de junio, ese momento en el que todo empezaba en serio. Cuando pones el primer pie en el camino sabes a dónde sales, pero nunca acabas de saber qué te regalarán los días que vendrán. Y quizá ésta sea una de las cosas más bonitas de la trashumancia.

La primera semana fue tranquila. Atravesó el Alt Camp, la Conca de Barberà y el Alt Penedès, haciendo parada en Prenafeta, Les Pobles, Torrelles de Foix, Guardiola de Font-rubí y Sant Quintí de Mediona. Fueron jornadas largas, rodeados de un paisaje en el que la viña era la gran protagonista. Kilómetros y kilómetros de cepas, con muy poca sombra y muchas horas de sol. Por suerte, en aquellos primeros días el calor todavía nos dio un poco de tregua y pudimos caminar a buen ritmo.

Cada etapa tiene su ritual. Nos levantamos cuando todavía está oscuro, preparamos el rebaño y empezamos a caminar mientras el día despierta. Las cabras ya conocen el trabajo y nosotros también. Hay momentos de silencio, otros de conversación, y muchos instantes en los que simplemente observas el territorio. Caminar así te obliga a mirar el paisaje de otra forma. Entiendes mejor los caminos, bosques, cultivos y el trabajo de toda la gente que los mantiene vivos.

Sin embargo, esta semana el calor se ha hecho notar en serio. El lunes llegamos a Piera después de una etapa intensa desde Sant Quintí de Mediona. Y justo cuando pensábamos que el reto sería sólo la temperatura, nos encontramos rodeados de la incertidumbre de los incendios forestales. Durante unas horas avanzamos entre dos grandes fuegos activos, con columnas de humo muy cerca y pendientes en todo momento de las indicaciones de los equipos de emergencia.

Son situaciones que impresionan. Cuando ves un bosque ardiendo entiendes aún más la importancia de cuidar el territorio. Precisamente éste es uno de los mensajes que queremos transmitir con Vinos de Pasto: un paisaje vivo sólo es posible si hay personas que lo trabajan, rebaños que lo pastan y actividades que contribuyen a mantenerlo limpio y equilibrado. Las cabras no sólo caminan; también ayudan a reducir la carga de combustible vegetal y realizan un trabajo silencioso pero imprescindible en la prevención de los incendios.

Sin embargo, la estancia en Piera continuó con total normalidad. Compartimos una cata de quesos acompañados de melocotones, una propuesta muy singular del municipio, y tuvimos la suerte de pasar un buen rato con los niños. Les invitamos a andar con el rebaño e hicimos talleres de silvopasto. Descubrieron cómo trabajan las cabras, por qué son tan importantes para el bosque y también pusieron las manos: cortando pequeñas ramas, limpiando los caminos y ayudando a dejar los espacios un poco mejor de cómo los habíamos encontrado. Ver la ilusión con la que participaban es una de las mayores recompensas del viaje.

El martes llegó una de las primeras etapas exigentes. El ascenso desde Piera hasta Can Maçana nos recordó que la montaña no regala nada. A medida que dejábamos atrás la Laguna y nos acercábamos al Bruc, dentro del Parque Natural de la Montaña de Montserrat, el paisaje cambiaba completamente. Los bosques ganaban protagonismo, las vistas se abrían en cada curva y el calor seguía apretando con fuerza. Pero el esfuerzo siempre tiene recompensa cuando llegas arriba y miras atrás todo el camino recorrido.

Y hoy hemos dejado a Montserrat atrás para llegar hasta Castellgalí, al sur del Bages. Continuamos avanzando mientras, en el horizonte, todavía se levantan columnas de humo y los helicópteros no dejan de sobrevolar el territorio trabajando para controlar los incendios. Es imposible no pensar en la fragilidad del paisaje y en la responsabilidad que todos compartimos por preservarlo.

Las jornadas son largas y exigentes. Cuando llegamos al final de cada etapa, cualquier sombra parece un lujo. Aprovechamos cada parada para descansar, cuidar el rebaño y recuperar fuerzas. Y cuando el trabajo ya está hecho, llega uno de los mejores momentos del día: sentarnos todos juntos, comentar las anécdotas de la jornada, preparar el recorrido del día siguiente y brindar con una copa de El Codolar . Porque este proyecto también habla de esto: de compartir, de andar juntos y de entender que detrás de cada vino hay un paisaje, una manera de vivir y muchas historias que merecen seguir caminando.

Aún nos queda mucha ruta hasta los Pirineos. Muchos kilómetros, muchas conversaciones y muchas experiencias por vivir. Pero algo ya lo tenemos claro: la trashumancia no es sólo mover un rebaño. Es una forma de conectar personas, paisajes y territorio. Y esto es, precisamente, la esencia de Vinos de Pasto .

Castellgalí, miércoles 8 de julio.

 

¿Al vermut, limón o naranja?

¿Al vermut, limón o naranja?

¿Es una de las preguntas más habituales a la hora de servir un buen vermut: limón o naranja? La respuesta es sencilla: no existe una única manera correcta. Todo depende del tipo de vermut y del resultado que busquemos en la copa.

El limón aporta frescura y un toque cítrico más intenso. Su acidez acentúa las notas amargas y herbáceas del vermut, haciéndolo más vibrante y refrescante. Por este motivo suele ser una buena opción para vermuts más secos o ligeros.

La naranja , en cambio, ofrece un perfil más suave y aromático. Sus notas dulces y cítricas armonizan muy bien con los vermuts clásicos, ayudando a equilibrar su amargura y potenciando su complejidad. El resultado es una copa más redonda, amable y elegante.

Y es precisamente por eso que, en la Bodega Cooperativa de Cornudella de Montsant , recomendamos servir el Vermut de la Cooperativa con una rodaja de naranja . El nuestro es un vermut de estilo tradicional, con un perfil aromático intenso y un punto dulce que lo hace especialmente agradable. La naranja acentúa sus matices, resalta sus aromas y acompaña perfectamente su equilibrio entre dulzura y amargura.

Nuestra manera preferida de tomarlo es muy sencilla: una copa con bastante hielo, una rodaja de naranja y, si te gusta, unas aceitunas rellenas para completar el ritual del aperitivo.

Al final, el mejor vermut es aquel que se disfruta cuanto más le gusta. Pero si aún no ha probado el Vermut de la Cooperativa con naranja , le animamos a hacerlo. Quizá descubra que, a veces, los pequeños detalles son los que marcan la diferencia.